Pedro Cervantes
 
 

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Repaso Vital

1933

Pedro Cervantes
Nací el 2 de octubre a las 5.00 am. Viví mis primeros años con doce mujeres en la casa. Después, fueron doce, pero en diferentes épocas. No volví a caer en la promiscuidad, por eso tengo fama de ser fiel. Siempre tuve predilección por los cabellos largos y negros. Aún recuerdo claramente, con placer, los diseños y figuras
dibujadas con la línea de un cabello, en las losetas blancas del baño de mi abuela. Estos dibujos de cabellos, al secarse, se transformaban en figuras de tres dimensiones. Yo fui tocado por los cabellos desde entonces.
Las mujeres bonitas nunca me gustaron. Me excita la belleza, también la fealdad.

Me atrajeron mucho las mujeres de belleza interior. También las de belleza espiritual. Mis modelos gordas fueron fascinantes.

Me preguntan por qué me dedico a la escultura. Me es más difícil explicarla que hacerla. Quizá trabajo para entender el mundo, para tocarlo. Más que esculpir me gusta estructurar. Creo que mi vocación está determinada por una obsesiva inclinación a acomodar, armar, construir, formar partes entre sí; mirar y acariciar las formas. Deshacer el caos. No siempre lo logro.

1940, 7 años

Mi abuela decía que a los 7 años se perdía la inocencia. A esta edad, yo amo a mi hermana; también empiezo a modelar mi primera figurita de barro.

No pierdo la inocencia, y nunca termino la terracota.

Siempre quise tener un caballo. Como no podía tenerlo, me puse a hacer un caballito de barro. Después, una mujer con formas ideales para mí, para así poseerla. Ahora, miro y toco los cuerpos y esto es como un sueño. También
pienso y siento, y esto es una realidad. Entonces, mis figuras son parte de una realidad que me pertenece o a la que pertenezco. Por eso, siento que vender una
escultura es una especie de traición, estoy más solo al venderla que antes de pensar en ella por primera vez y tocarla; no poseerla. Mis esculturas me poseen a mí.

No sé si mi escultura se parece a la mujer que me gusta o al contrario.

Sólo hay una forma de poseer a una mujer: hacerle una escultura.

En este tiempo, intento un pequeño busto de yeso; no logro relacionar la cabeza con el cuerpo. Ahora tampoco.

Siempre oía que el trabajo era un castigo; nunca trabajé mucho. Ahora, mi trabajo es algo que me pertenece y me da. A veces, logro una especie de felicidad en este proceso de construir a partir de una idea, o de una emoción; esto me transforma también a mí. Actualmente como para trabajar; antes era diferente, ahora tengo hambre visual.

No siempre pude dedicarme de lleno a la escultura; tuve que desempeñar muy diversos trabajos: desde caballerango hasta diseñador de zapatos de tacón alto.

No he tenido muchas ofertas de trabajo en la escultura. En cierta ocasión me pidieron una escultura hiperrealista: un guarura con todas sus características, para que fuera sentado en el asiento posterior del auto de un político. No me gustó el tema.

Después querían que hiciera una cabeza de Juárez, monumental. Me negué a decapitar a Juárez. Creo que no hay que vender el alma.

Han querido conocer mi alma. Empiezo por mostrar mi cuerpo; a veces huyen cuando me desnudo.

1947

A esta edad, amé violentamente a una mujer 15 años mayor que yo. Después descubrí que también era más grande que yo.

En los años cuarenta, cada año cambiaban los diseños de carrocerías y defensas de los nuevos modelos de autos. Estos cambios fueron mis primeros contactos con
el diseño. Estuve en la Academia de San Carlos en 1950, 1951 y 1952. Ahí aprendí de los que no eran mis maestros y conocí los cabarets de La Merced.

Viví en el Valle del Yaqui en Sonora. Veía todos los días como jugaba la luz con los surcos verticales de los cactus en el desierto. Ahora lo recuerdo, y estas imágenes influyeron en mi trabajo. De ahí nació la serie Trayectorias.

Creo que es más importante expresar que representar.

1954

Trato, sin conseguirlo, de modelar formas que sean reales o naturales, semejantes a lo existente. Tampoco me es fácil lograr formas que trasciendan lo que percibo
a simple vista. Quiero mostrar lo que no se puede ver.

Trato de que las esculturas no se parezcan a los modelos, sino de que sean lo que son en esencia. No siempre lo logro.

Creo que hay que palpar la escultura al hacerla, para que otros sean tocados por ella.

¿Cuándo está terminada una escultura? Cuando al mirarla veo que ella me mira.

He practicado algunas esclavitudes para sentirme libre.

1958

Hago mi primera exposición de terracotas policromadas. Algunas piezas de esta época todavía me sorprenden. Prefiero mi torpeza que mi habilidad, no vendo ninguna de ellas.

Todos tenemos maestros indirectos, que sin conocerlos nos motivan y aprendemos de ellos. Por esos años, el escultor Rodrigo Arenas Betancourt presentó en Bellas Artes una exposición que incluía una serie de piezas hechas
con hierro soldado y policromado que me impresionaron profundamente; determinaron mi iniciación en el trabajo de los metales.

Un hombre limitado a una sola vida, quiere ver, tocar al mundo; es tocado por el mundo y tiene que decidirse por un camino. Esto invalida a los otros caminos posibles: también la libertad es renuncia.

La tecnología acelera los procesos, pues cambia la relación de tiempo y espacio: nos hace testigos presenciales de acontecimientos lejanos. Pero no es lo mismo información que conocimiento.

1959

El día que murió mi abuela hice un autorretrato. Intento ser preciso y despiadado conmigo mismo. Sin saberlo busco en mis rasgos lo que queda de ella. Soy todos mis muertos.

Buscamos la verdad y la realidad, las confundimos.

1961

Por curiosidad y falta de recursos económicos llegué a la escultura hecha con partes de producción industrial. Comienzo a trabajar con metales soldados.

No soy consciente aún de la importancia que implicaba transformar, por medio de la escultura, elementos producidos en serie por la industria, ni de mi actitud hacia el uso de la tecnología en labores artísticas.

Este año, con mi primera escultura de hierro forjado, hago una exposición ambulante por diferentes rumbos de la ciudad. La idea es llevar la escultura a la
gente, sacarla a la luz de la calle y consignar el hecho en fotografías. Para esto conté con la complicidad de mi amigo, el estupendo fotógrafo Nacho López.

Dicen que después de trabajar incansablemente en una escultura hay que sacarla al sol, para ver si no se deshace con la luz. Esta no se deshizo.

Raquel Tibol calificó esta aventura urbana como “la primera experiencia de actividad conceptual que hubo en México, mucho antes de que en ninguna parte de la Tierra se comenzara a pensar siquiera en la posibilidad de darle a la acción en sí, a un proceso, valor de arte; por encima o al margen del objeto artístico convencional”. Yo no me proponía esto. Quería mostrar mi trabajo en algunos puntos clave de la ciudad. En Bellas Artes nos sacaron los conserjes. Amenacé con volver y llevar una escultura más grande. Trece años después
cumplí mi amenaza.

La escultura es el manejo de la luz y, para jugar con la luz, hay que saber jugar con el metal. Sin embargo, creo que mis mejores piezas son hijas de la casualidad: a mí es al primero que sorprenden.

1962

Sirena y Astronauta. Escultura en hierro forjado con dos personajes cuyo reino tampoco es de este mundo.

1964

Realizo mi primera escultura pública: Prometeo, de 8 m de altura para el Puerto Piloto de Alvarado, Veracruz; mismo que proyectó mi querido amigo, ahora desaparecido, el arquitecto Salvador Ortega Flores.

1965

Salón de Artistas Jóvenes, Museo de Arte Moderno, México, D.F.

1967

“Expo ‘67”, Palacio de Bellas Artes, México, D.F.

1968

En este año de cambios profundos, me cuestiono si realmente puedo aportar algo al país con mi trabajo. Creo que la escultura tiene que enriquecer y armonizar el espacio urbano; fomentando la imaginación creativa del espectador.

Encuentro en los cementerios de automóviles las defensas de los carros que, junto a otras producciones industriales, pasan a formar parte de las materias primas de mi obra. También incorporo la soldadura autógena y eléctrica como parte de mis técnicas escultóricas.

En la exposición “Solar”, organizada por el Instituto Nacional de Bellas Artes para la Olimpiada Cultural; obtengo el premio por la escultura Ícaro, que ahora
forma parte de la Colección del Museo de Arte Moderno de la ciudad de México.

La industria con una máquina produce muchas partes. Yo, con muchas partes, hago solamente una escultura.

1969

Mención honorífica por un torso de plata cincelada en la Feria de la Plata de Taxco, Guerrero. Esta pieza fue la primera de una serie de torsos inspirados en la Venus de Tlatilco.

1971

El 16 de mayo participo en la Tribuna de Pintores, donde presento con la colaboración de la compositora e intérprete Alicia Urreta, música proveniente de
las resonancias de mi escultura Ícaro y, con la bailarina y coreógrafa Rocío Sagahón, hago el experimento que llamé Escultura viva, usando los cuerpos de los bailarines metidos en sacos de tela, a los que até con cuerdas. De esta experiencia nace la serie de esculturas llamada “Amarres”. También hago esculturas con señales de tránsito.

Las peores cárceles son las que el hombre se hace
a sí mismo.

1972

Obtengo el premio por la escultura Epicicloide en el Salón de escultura de la Plástica Mexicana. El jurado fue colectivo, integrado por los artistas participantes.

1974

24 de abril, “Formas Conjugadas”, exposición individual en la Sala Nacional del Palacio de Bellas Artes. La museografía fue del Maestro Fernando Gamboa.

Participo con los escultores Francisco Zúñiga, Waldemar Sjölander y 25 pintores en la exposición “Arte Mexicano Contemporáneo”, en el Museo de Arte Moderno de Tokio, Japón.

Aparece la primera edición del libro Pedro Cervantes, escrito por Raquel Tibol en la colección SEP-Setentas. El águila en la serpiente; relieve mural de 12 m de largo, 2.50 m de altura y 40cm de espesor, de aluminio repujado y partes automotrices cromadas para el edificio del Colegio de Arquitectos, México, D.F.

También de temática prehispánica, expongo en la Sala Nacional del Palacio de Bellas Artes, versiones personales de La Venus de Tlatilco y Quetzalcóatl.

1975

Se consolida en mi proceso creativo la utilización de materiales industriales a los que incorporo, entre otros, la placa y vigueta de acero.

Creo que hay que humanizar la tecnología, no mecanizar el arte.

Según la Biblia, quien mira a una mujer para codiciarla, adultera con ella en su corazón; ya que el deseo no es menos culpable que el acto. Con la escultura es diferente: hay que cometer el pecado de hacerla.

Los árboles son las mejores esculturas.

1976

Hago la escultura de hierro forjado El Escriba, para el edificio de la Notaría 63; proyectada por el arquitecto Jorge Tajonar. “Los cuatro puntos cardinales”, relieve integrado al cuerpo del edificio de la Secretaría de Comercio
y Fomento Industrial, hoy la Secretaría de Economía; concreto y grano de mármol de 600m2. En el concurso de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) a diez escultores, mi proyecto es de los cuatro ganadores y seleccionado para ser realizado posteriormente en la ENEP Acatlán. La pérdida de
la maqueta y otras desafortunadas causas posponen la realización de esta obra. Reaparecen el proyecto y los planos, gracias a la intervención de Lily Kassner. Si esta obra se realiza se llamará Lily.

He tocado el éxito pocas veces, pero he tenido triunfos de mayor valor para mí.

1978

Exposición individual en el Museo de Bellas Artes de Caracas, Venezuela. Hago dibujos y apuntes de jóvenes mujeres de este bello país. Algunos de los torsos que luego produzco son un homenaje a la mujer de Venezuela.

1979

Exposición “El caballo” en el Club de Oficiales del Estado Mayor Presidencial. Presento una colección de caballos forjados en hierro.

1980

Dos esculturas monumentales en placa de acero policromada: Sinusoidal en Toluca, Estado de México; e Intraforma, en México, D. F.

Constato con estupor que la relación amor-odio propicia la proliferación de gatos: 20 felinos acompañan las fluctuaciones entre la entrega y el rechazo. De estos días conservo recuerdos insustanciales y 4 gatos.

El Sol, escultura de concreto de 20 m. de altura en Temoaya, Estado de México. Para realizarla el trabajo incesante de un año entero acompañado de 50 otomíes me proporciona aprendizaje y gozo.

1982

Se me encarga la escultura para el proyecto de una residencia. Su estilo moderno me entusiasma y concluyo el encargo antes que se inicie la construcción. Mi obra
transforma los planes de la edificación. Creo que es la primera vez que se hace una casa para una escultura y no una escultura para una casa.

Con motivo del 50 aniversario del Zoológico de Chapultepec se invita a un grupo de artistas para realizar una carpeta de grabado. Yo elijo los rinocerontes, cuya jaula visito los lunes, cuando no hay público. Para dibujarlos al detalle me acerco a ellos paulatinamente, hasta el punto de poder acariciar a la hembra, cuya mansedumbre me encanta. Un día el guardia me sorprende y exaltado me
advierte de la peligrosidad reconocida del animal.

A partir de entonces tengo que esconderme para continuar mi amistad con la corpulenta bestia, quien siempre fue generosa conmigo. Creo que toda obra es un autorretrato. Nunca me he representado con mayor verosimilitud que en el grabado del rinoceronte. Por ello guardo aún el temor de ser más actor que artista.

1983

Trabajo una serie de sirenas. Animal y mujer, su atractivo es inevitable: la bella y la bestia en un solo ser. Fascina a marinos y tiburones: para ambos es un amor imposible.

1984

Ya cumplí 50 años. Siempre creí que a esta edad sabría muchas cosas. Sé que no he obtenido todo lo que esperaba en la vida, pero cada día encuentro lo inesperado. Sé también que una escultura es un hecho real. Me pregunto
por qué no soy feliz si he tenido más de lo que imaginaba, creo que no tengo lo que imaginé. Escribí: “Hoy con la luz encontré en el espejo a alguien que me miraba con asombro y tristeza, que creía que era yo”.

1985

“Aprendí que todo es cierto y la verdad también puede ser mentira, a escuchar al enemigo y a mirar mis manos, a rumiar en silencio mi alegría, a no oír el ruido, a mirarme por dentro, a acariciar el cielo, a mirar con las manos, a tocar con los ojos, a no esperar respuestas y a convivir con mis sueños. No he podido aprender a
morir un poco cada día”

Sala Ollín Yolitztli: homenaje a Fernando Gamboa; donde expongo bronces y dibujos.

1986

Exposición en la Casa de la Cultura de Coyoacán. Las esculturas que al girar sobre sus ejes se transforman y solicitan así la participación activa del espectador, quedaron estáticas e inmóviles; pues salvo el arquitecto Jorge Tajonar quien escribió la presentación, y yo, nadie se presentó a la inauguración. A la burócrata encargada de la dirección de la sala se le había olvidado mandar las invitaciones y los boletines de prensa.

1987

30 dibujos con el tema de Coatlicue en el Museo de Antropología.
El altísimo poeta Rubén Bonifaz Nuño escribió al respecto: “Pedro Cervantes es escultor. Esa índole artística suya se revela sin tregua en cada una de sus imágenes dibujadas. En ellas, el solo trazo de una línea es ya sentido de volumen. Las anchas y sueltas pinceladas. Según la intensidad que les infunde la variada presión de la mano, provocan la sensación de hondura o hacen que la forma parezca saltar de la superficie a la conquista del espacio tridimensional (…) La imagen de la mal llamada Coatlicue se levanta, y ella misma se explica.
Pedro Cervantes la ha visto. Ha ido a las raíces de su visión: las ha plasmado en formas, en signos comunicantes. Y ahora las pone delante de nuestros ojos”.

1988

Soy invitado para representar a México en un concurso internacional de escultura, en Japón. Con Géminis obtengo el premio Presidente Nobutaka Shikanai.

1989, 56 años

Cumplo 56 años y comprendo que la vida, la verdad, la muerte, la tierra y la belleza son sustantivos femeninos.

1990

El 14 de diciembre nace Gabriel, mi hijo, a quien le escribo:
“Hoy, sin que lo sepas, reencarnamos en ti. A tu madre la divides y la iluminas; a mí, me dejas renacer al heredarte mis huesos y mis sueños. Nos acariciaste antes de nacer. Eres la esperanza de laespecie una vez más. Detienes la muerte al principio y al fin de un milenio y nos unes en tu cuerpo para siempre”.

1991

13 de julio. Conocer y coincidir con un ser maravilloso cambia nuestra vida: después ya no se puede ser el mismo. La realidad supera a la fantasía. Hoy escribí: “Galopa el corazón. Las patas del caballo dibujan con el polvo espirales de
oro. Vuelo por un segundo. Por un segundo vuelo, para volver a tocar la tierra en otro eterno instante cabalgando hacia ti”.
Realizo diseños de joyería y esculturas en plata. Mi amigo, el poeta Ignacio Hernández, escribe sobre esta labor: “Enamorada de sí misma y, como Narciso, cegada por su esplendor, la plata, en el espejo bruñido de su contorno,
animada por el ojo que la admira, ofrece, al reflejarse, la escultura virtual de su escultura: prominencias y oquedades, cimas y simas”.
Me propongo además, una serie de dibujos de torsos en gran formato. Una noche al volver a casa por el camino de Santa Fe, percibo de reojo la imagen confusa de una pareja de amantes que se abrazan, que parecen devorarse en la sombra, formando entre ambos otro ser insólito e innominado. Al llegar a mi taller escribo: “En la penumbra un ángel retorcido por el placer”. Al día siguiente
hago varios dibujos que corresponden a este título. Días después, unas visitas me preguntan por qué estoy dibujando Cristos. Les contesto que son amantes sostenidos en vilo por la pasión. No me creen. Se llevan mi dibujo y lo colocan en un lugar preferencial de su casa. Dicen que este Cristo ha hecho milagros, y le rezan.

1992

Fiel a una costumbre que ha surgido de modo natural en mi vida, vuelvo a celebrar mi cumpleaños con una exposición, ahora en la galería Misrachi: bronces, en su mayoría de formato mayor. Me interesa que en las esculturas
exista una relación de las partes entre sí, y de cada una de ellas con el todo. En su concepción sigo una intuición (¿u obsesión?) sobre el movimiento en la
expresión tridimensional.

Esa noche, Nancy Cárdenas me da el original mecanografiado de su poemario Cuaderno de amor y desamor, pues quiere que dibuje ilustraciones para sus textos. Cumplí el encargo: combates voraces de féminas entreveradas
aparecen en el libro que Nancy no llegó a ver, publicado póstumamente.

En mayo escribí: “Entre nosotros, entre nuestros corazones y nuestros sueños, hubo un espacio vacío. La muerte es la nada y tú me revelaste el misterio, al suprimir el espacio que nos separaba conjurando a la muerte en un abrazo que nos transformó. Y desde entonces ente nosotros hay un espacio de luz”.

En diciembre concluí así este escrito: “Intermitentes, los cuerpos se unen y separan: suprimen así el espacio que los hace un solo ser. Pero en un momento, ese mismo espacio los separa inevitablemente, para siempre”.

1993

He dibujado con todo: con las uñas y las yemas de los dedos, con lápiz y madera carbonizada, tinta china, pluma fuente y bolígrafo, he dibujado hasta con sangre. Y recordando los trazos que formaban los cabellos femeninos sobre las losetas blancas de mi infancia, encuentro la manera de reproducirlos con la línea de corte de un bisturí, así nace una manera de dibujar que Nacho Hernández bautizó como “Hendiduras”, en un poema suyo que transcribo:

HENDIDURAS

En esta técnica dibujística
de Pedro Cervantes
se trata de rasgar
herir y dejar huella
el filo que se desplaza
no crea una línea
sino una ruptura
rasguño, arañazo
surco rajada tumba
de una hendidura venimos
(de lo oscuro)
a otra hendidura vamos
(a lo oscuro)
paridora herida insaciable
boca entreabierta
tlazolteótl mater admirabilis
pureza refulgente
devoradora de inmundicias
tierra nutricia
pudridero y luz
así se sabe
si hay o no hay
dominio del trazo
del impulso
que al crear destruye
hiende la superficie
en forma unívoca inequívoca
no hay corrección posible
no hay tu borrador o tu esfumino
aquí te chingas.

Con el bronce El Vuelo es la Penetración del Espacio, continúo una serie de relieves murales en diferentes metales, integrados a la arquitectura; no como un
agregado caprichoso.

Recuerdo que en 1974 realicé el relieve mural para el Colegio de Arquitectos. Mi admiración para los arquitectos que manejan el espacio y la luz, creando esculturas habitables; al contrario de los escultores que diseñan para que otros hagan la escultura y que solamente tocan los planos sin tocar la materia,
perdiéndose así el disfrute del proceso. Creo que esto es como tener hijos por inseminación artificial.

1994

Siempre he tenido terror al vacío. Tal vez por eso soy escultor. La hoja en blanco también me aterra. Dibuje lo que dibuje en ella o escriba lo que sea, me funciona como una red que siempre me salva del vacío abismal.

Este año realizo una nueva Géminis: de plata en pequeño formato, haciendo las modificaciones que exige su cambio de escala. El espectador, para ver en todos
sus ángulos a la original de 1.60 m., tenía que caminar a su alrededor. En su argentada versión, Géminis misma gira en manos de quien lo observa: de la fuerza centrífuga a la centrípeta.

Todos tenemos una vocación y un destino. Cada quien tiene su propia manera de enfrentarse a la vida. Al mostrar mi trabajo, a veces me han preguntado cuándo decidí vivir de la escultura. En realidad, lo que yo decidí hace
años fue vivir para hacer escultura.

Creo que la escultura urbana no tiene que ser nada más conmemorativa o hacer retratos de los héroes, debe ser un punto de referencia en el espacio.

Este año escribí a la escultura de La Diana:

“Cazadora de autos y de esmog,que cada día te haces más pequeña en esta ciudad que todo lo devora; cuando subas a tus zapatos de tacón alto y bajes de tu pedestal quisiera encontrarte para que cobraras una presa humana”.

Al Ángel de la Independencia donde se reúnen los mexicanos para celebrar los triunfos deportivos, escribí:

“Ángel de mi dependencia, tú que vuelas descalza y sin sostén sobre la columna vertebral de la ciudad a la que pertenezco, no me dejes caer”.

1995

Dibujo un caballo cuarto de milla de formas y proporciones ideales. El color de su pelo, alazán hormiga, con la luz tiene reflejos enllamarados. Sin pretensiones premonitorias, he dibujado en ocasiones seres que después han encarnado. Seres que han aparecido primero en la realidad de mi dibujo, y que luego encuentro en la realidad cotidiana. Al caballo cuarto de milla que dibujé le puse el nombre de Crisol. Ahora vive en las caballerizas de mi casa, como parte de mi familia. En su homenaje forjé una cabeza de hierro.

Expongo esculturas en plata en el Museo Amparo de Puebla y aprendo, que las campanas y las poblanas han de tener buena forma pero también buena voz.

1996

Vuelvo a celebrar mi cumpleaños con otra exposición en la Galería Misrachi, bronces móviles y hendiduras; continuando lo que inicié con Géminis en 1988: esculturas interactivas en las que el espectador participa al moverlas y transformarlas sin que se deformen.

En estas obras busco que cada una de las partes que las conforman estén relacionadas entre sí y, cada una de ellas, con el todo; así, el total será más que la suma de las partes.

Agradezco a la vida haberme dado la oportunidad de poder dedicarme a mi vocación. Cuando veo a una mujer y la dibujo o la modelo, le añado lo que, según yo, le falta; o le quito lo que creo que le sobra: la retrato como
para mí debe de ser.

Me pregunto qué me motivó para tomar este camino, quizá nunca lo sepa. Al principio pudo ser el deseo de poseer la belleza. Aunque con el tiempo aprendí que la belleza no se puede poseer. Tampoco la tierra. Ambas entidades nos poseen a nosotros, o nos poseerán, en el mejor de los casos.

“Yo, que cada día me reconstruyo dibujando mi silueta en el aire para no desaparecer, digo que si puedo tocar tu sombra o tu luz viviré agradecido. Si nada puedo tocar de ti, también viviré agradecido, porque tú me tocaste a mí para siempre”.

1997

Con el fin de preparar la exposición de escultura “Al Fin del Milenio”, en el Museo Universitario Contemporáneo de Arte de la UNAM, tuve que revisar cajas
y bultos arrumbados en la bodega. Con el paso del tiempo y los cambios de domicilio del taller, he ido perdiendo objetos que otros estimarían insustanciales;
solamente valiosos para mí, como la herradura que me regaló mi abuela, trozos de madera veteados y nudosos, piedras pulidas por el agua que descansaron algún día en las palmas de las manos de seres amados, y huesos de bestias domésticas: gatos, perros, caballos o corderos. Todavía conservo muchos: amo sus formas fantásticas y estrictas, su persistencia obstinada.

También encontré cantidad de dibujos, obras tempranas. Me sorprende la forma en que han cambiado: ya no son los mismos. Sí, constato que los dibujos cambian. Lo que más me sorprende es que en alguna época no me hayan gustado. Por primera vez concurso para una beca del Sistema Nacional de Creadores de Arte y la obtengo. La UNAM publica en el número de otoño de
su periódico de poesía, imágenes de mi obra gráfica y escultórica, así como mi primer texto autobiográfico.

Se incluye mi ficha en “Repertorio de Artistas de México”, libro editado por Bancomer y escrito por Guillermo Tovar y de Teresa. Expongo en el Museo Universitario de Ciencias y Artes (MUCA) con museografía realizada por el estupendo Mtro. Rodolfo Rivera. Esta exposición ha sido la más grande, completa y representativa de mi trabajo, que agradeceré siempre al museógrafo Rodolfo
Rivera y a la UNAM.

1998

Escribe mi entrañable amigo Jorge Tajonar La Obra-Vida de Pedro Cervantes.

1999

CONACULTA edita y transmite por cadena nacional un documental sobre mi obra. Participo en la exposición colectiva “México eterno: Arte y Permanencia” en el Museo del Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México y, concluyo este año, con una exposición individual en el Museo del Maestro Luis Nishizawa en Toluca Estado de México.

Escribo: “Antes tenía tanta hambre que deseaba cualquier comida, no la obtuve. Ahora tengo más hambre y ya no me satisface cualquier comida”.

2000

CONACULTA en el libro Escultura Mexicana. De la Academia a la Instalación, dedica dos páginas a mi trabajo. En este año realizo una cabeza de caballo en bronce, de 2.50 m. de altura a la que llamo Milenio; inspirada en la espiral
que simboliza el infinito, y una escultura monumental en placa de acero de 10mts. de altura en el estado de Puebla.

2001

Nuevamente participo a nivel internacional en las exposiciones “Soles de México” y “La Fuerza de la Humanidad”, en el Petit Paláis de París y en Nueva York, respectivamente.
Realizo dos obras monumentales: Caracol de Viento, con motivo del Primer Encuentro Internacional de Escultura en Isla Mujeres, Quintana Roo; y Quetzalcóatl una cabeza de caballo interactiva, que me acompaña en una fotografía desnudo celebrando mis 68 años.

2002

Se me propone como miembro de número de la Academia de Artes; mi ingreso se celebra con una exposición retrospectiva en el Museo Nacional de San Carlos titulada La Interacción de los Cuerpos en el Espacio, que muestra 32 piezas de mi trabajo en hierro, plata y bronce.

Expongo también en el Paseo de la Revolución en la ciudad de Mérida, Yucatán, muestra presentada por la Fundación MACAY. Realizo “Estela de Mar” escultura
en placa de acero de 4 m. de altura para Chetumal, Quintana Roo.

2003

La Fundación del Centro Histórico de la Ciudad de México presenta, en el atrio de San Francisco, una selección de mi obra.

Proyecto La Columna de Cuajimalpa de 12 m. de altura; como punto de referencia de esta delegación está inspirada en su logotipo: “La fe es creer en lo que no podemos ver y, a veces, vemos lo que creímos”. Tengo fe en realizar esta obra.

2004

Participo en la exposición colectiva “Libertad en el Zócalo” en la Ciudad de México.

Escribí:

“Aferrado a la vida, a lo que creí que era verdad:
amor y felicidad.
Agarrado a la tabla que creí que era
de salvación,
hoy la suelto y me hundo en el mar
sin dolor, en paz.
Hoy, acepto y agradezco
la compañía de mi soledad”.

“Prefiero tocar a una puta que a una computadora;
aunque las prostitutas ya están computarizadas
y las computadoras prostituidas”.

2005

“Te di mi soledad, mi amor, mi tristeza, mis obsesiones,
pasiones y devociones.
Perdóname, lo mejor que te daré será mi ausencia”.

2006

En la Casa de la Cultura Jaime Sabines de la Ciudad de México presenté una exposición de 50 obras, para la que el poeta Vicente Quirarte escribe el texto para el brochure bajo el título El Caballo es la Lengua de Cervantes. Me acompaña en esta exposición mi caballo cuarto de milla llamado Crisol.

Otra de las exposiciones mejor logradas, “Pedro Cervantes, Camino Escultórico”, conmemora el tercer aniversario del museo de mi colega y amigo Federico Silva;
en donde editan un espléndido catálogo.

Me invita el delegado de Cuajimalpa a diseñar una celosía realizada con material de desecho, que funcione para dirigir el tránsito peatonal en un lugar donde se
registraban continuos accidentes de personas atropelladas. Esta obra fue muy criticada y, también admirada por algunos. Mi respuesta a las diferentes opiniones fue: Si logro salvar una vida con este trabajo, me sentiré satisfecho
y bien pagado. No cobré un centavo por esta obra.

Escribo:

“No sabes cómo me duele que seas mi víctima sin yo quererlo; y ser víctima tuya sin querernos ni amarnos”.

2007

En la Galería Aldama Fine Art presento una exposición individual, para cuyo catálogo la doctora Lily Kassner escribe el texto.

“A la luz del caballo retroceden las sombras”, es el título del mural que realizo al interior de la Casa Allan Poe, que funda y dirige mi amigo Vicente Quirarte. En este mismo año escribo un texto para la exposición titulada “CARNE”, celebrada en el marco del festival de San Luis Potosí y que presenta cuatro artistas emergentes.
“Hoy soy feliz, encontré mi lugar en la cantina
y en el templo de tu cuerpo.

Encontraré el lugar que me pertenece en el futuro,
que no es mío y quiero no perder mi lugar en la fila,
para no llegar tarde a mi entierro”.

“Quise suprimir el espacio que separaba nuestros cuerpos,
y que me revelaras la luz del misterio.
Dijiste ¡NO!… te lo agradeceré siempre”.

2008

La revista Luna Córnea dedica un número a quien fuera mi gran amigo, el fotógrafo Nacho López; en ella hay un capítulo sobre mi primera escultura en hierro forjado con la que realicé, junto a Nacho, una exposición ambulante por la Ciudad de México.

Formo parte del jurado para el Premio Nacional de Ciencias y Artes. Participo en un homenaje al crítico de arte Antonio Rodríguez, y soy parte de una colectiva
en el Museo “La Casa del Risco”, con museografía del maestro Rodolfo Rivera.

En este año me es gratificante la invitación a colaborar con el Instituto Nuevo Amanecer en la ciudad de Monterrey, donde interactúo con siete niños con parálisis cerebral y aprendo de ellos durante la creación de 17 piezas, ocho de las cuales se funden en bronce y son subastadas en el Museo MARCO de la misma ciudad, con la finalidad de obtener recursos para su tratamiento. En este mismo instituto llevo a cabo un mural colectivo.

Se invita al poeta Vicente Quirarte a escribir un libro titulado El Cuerpo en el Espacio. Las Vidas de Pedro Cervantes. Las largas entrevistas con el literato tienen lugar en diferentes puntos de la ciudad de México, incluyendo cantinas; en este diálogo disfruto y padezco la facultad de recordar.

En la Universidad de Pachuca realizo un experimento con jóvenes actores, músicos y bailarines al que llamo Morfocromofonía en Movimiento. Durante este performance realizo 20 cuadros pintados con los cuerpos en movimiento
de los bailarines, logrando Interacción, Impresión y Expresión.

Escribí:

“¿Cómo llegar al triunfo y al éxito? ¿Cómo entrar al templo de tu
cuerpo? ¿Cómo encontrar la verdad y la belleza? ¿Cómo hallar el
camino que perdí?”.

“Dinero, con el que creí comprar amor y un poco más de tiempo.
Dinero, con el que compré comida y la cercanía de un cuerpo.
Hoy me sirve nada más para pagar que el espacio entre nosotros
sea cada día más grande.
Dinero, para pagar espacio y tiempo.
Dinero, para pagar el precio de la luz.
Dinero, “estiércol del diablo”, como decía mi abuela”.

“En Yoliatl grité tu nombre, y me oíste.
El eco del corazón se escuchó.
Te seguiré llamando, siempre”.

2009

Cumplo 76 años y, para celebrarlo, me tomo una fotografía desnudo. “En todos estos años no aprendí a vender ni a comprar, sobreviví por causalidad. Ahora estoy aprendiendo a valorar y a pagar el precio de lo que no aprendí”.

“Al nacer perdí mis alas, ya no pude volar.
Fui animal de monte y también de ciudad.
Ahora no soy ni ángel ni águila,
solo soy hombre… hombre solo, nada más”.

“En los últimos siglos estuve cerca de la muerte.
Ahora estoy cerca de la vida, estoy cerca de ti”.

Última actualización: 26 de abril de 2009.

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